sábado 8 de agosto de 2009

Cultos en honor a la Virgen de la Piedad


Almendralejo se dispone a vivir sus fiestas más solemnes, honrando a su Patrona, María Santísima de la Piedad. Como antesala del "día de La Virgen", se viene celebrado estos días la Novena en honor de la Sagrada imagen en la parroquia de la Purficación con arreglo a este orden de cultos:
-08.30: Santa Misa y Novena Rezada
-20.15: rezo del Santo Rosario
-20.30: Ceebración Eucarística y Novena.
El día 14 tendrá lugar la tradicional procesión hacia su santuario a partir de las 21.30, recorriendo el itinerario de costumbre, partiendo de la plaza de españa para surcar las calles Palacios, Espolón y Monsalud, estabdo prevista su entrada en el atrio hacia las 11 de la noche.
El Sábado, día 15, festividad de la Asunción de Nuestra Señora, los cultos comenzarán a las 8 de la mañana con la misa solemne. A su finalización, el pueblo de Almendralejo, una vez más, hará pública su honda devoción y demostración del cariño que le profesa a su patrona, con constantes actos durante toda la jornada como besamantos, ofrendas florales y besamanos.
Nosotros, desde esta página, que de ahora en adelante toma un nuevo impulso, nos unimos a la manifestación de piedad popular que es Almendralejo durante estos días reproduciendo una oración que figura en un azulejo mariano de nuestro paisano Pedro Navia en una iglesia sevillana y que reza así:
"OH, CUAN INGRATO SERÍA
QUIEN A ESTA FINCA LLEGARE
Y AL ENTRAR NO SE ACORDARE
DE DECIR "AVE MARÍA".
COMO QUIEN DESPUÉS DE OIDA
EXPRESIÓN TAN CELESTIAL
NO RESPONDA PUNTUAL
"SIN PECADO CONCEBIDA".

domingo 25 de enero de 2009

TIPOS DE PASO


Debemos distinguir entre el Paso para la Virgen o Paso de Palio y el Paso para Cristo o Paso de Misterio.

Los pasos de Misterio portan imágenes de Jesús. En los pasos de Cristo puede verse al Crucificado. A los pasos en los que Jesús aparece con la Cruz al Hombro sólo o acompañado del Cirineo suelen ser llamados pasos de Nazareno. Y aquellos pasos en los que Jesús aparece rodeado de sus discípulos, sayones, esclavos, romanos, la Virgen, las Santas Mujeres o los Santos Varones, son llamados, más propiamente, pasos de misterio en los que se representan escenas pasionistas; es el caso de las Hermandades del Desprecio de Herodes, Flagelación, Prendimiento, y muchas otras.
Tanto los pasos de Cristo como los de misterio poseen casi siempre la misma estructura aunque muy distintas proporciones. Todos sin distinción tienen su parihuela, que es la estructura, generalmente de madera, que soporta todo lo que es el paso. Su forma es rectangular. A los lados cortos se les llama delantera y trasera de la parihuela o del paso y a los lados largos costeros. A la parte superior de la parihuela, sobre la que descansa la canastilla, se llama mesa. A lo largo del paso se distribuyen las trabajaderas que en número de entre seis a diez van paralelas al frontal del paso desde el costero ( o lado) izquierdo hasta el costero derecho. Las trabajaderas son listones gruesos de madera gracias a los cuales los costaleros pueden cargar con los pasos sobre sus cuellos. Para ello usan la molía o morcilla y el costal, que les ayudan en esta labor. Todo ello queda en pie, por las patas, que en el paso de misterio son seis. En muchos casos, las patas del paso tienen en el extremo inferior una parte que se abate, para rebajar la altura del paso en ocasiones, esta parte plegable toma el nombre de zanco. La zambrana se le llama al palo que arriostra las patas de los pasos.
La parihuela va cubierta en su frontal, trasera y costeros por respiraderos y faldones aunque en algún caso sólo existen faldones que incorporan mallas o calados a modo de respiraderos. Los respiraderos pueden ser de maderas nobles talladas, de maderas talladas y doradas o de metales nobles. En el frontal y en la trasera pueden existir unos listones cortos del mismo o parecido estilo al de los respiraderos llamados maniguetas, que son rastro de las primitivas andas. Son cuatro en total, una en cada esquina. Cuando en el XVII los pasos empiezan a cargarlos los mercenarios aparecen los faldones y desaparecen las varas. Para que el recuerdo sea más completo, al lado de cada manigueta va un penitente con el antifaz sin capirote, sin cartón, y es el maniguetero. Al patero, costalero que va junto a la pata del paso, la manigueta le resta mucha visibilidad.
Sobre la parihuela está el canasto o canastilla, que puede ser casi de las mismas dimensiones que la parihuela o ser algo más reducida dejando una pequeña zona lisa y es del mismo estilo que los respiraderos. En esta zona lisa, que existe siempre aunque sea muy reducida, en concreto en la parte frontal del paso va el llamador o martillo con el que el capataz da las ordenes de "levantá" y “arriá” de los pasos.
La canastilla suele ir adornada por cartelas, angelitos, capillas,... Las cartelas son unos bajorelieves, pinturas, terracotas o esculturas en madera que representan escenas de la Pasión y que suelen estar distribuidas por los costeros, frontal y trasera de la canastilla. Suelen ser de forma ovalada.
Los primeros pasos fueron unas andas donde sólo cabía la imagen, y ésta quedaba iluminada por los hachones y, desde el siglo XVII, por los faroles que los acólitos portaban alrededor del paso; reminiscencia de todo esto, los cuatro ciriales que, ahora, van delante del paso. Por ello las imágenes de los pasos de misterio se iluminan con candelabros, faroles o hachones, que se sitúan sobre la canastilla. El candelabro es un candelero con varios brazos; lo forman unos elementos de madera que montados sobre un esqueleto metálico de formas redondeadas y retorcidas y en cierto modo arborescentes, soportan una serie de guardabrisas o tulipas de cristal que suelen estar distribuidos en distintos niveles y que llevan un pequeño cirio en su interior llamado codal. En los pasos de misterio son de madera tallada y dorada, y los brazos lo rematan unos pequeños fanales de vidrio, abiertos por arriba, y en su interior está la cera. Este fanal se llama aquí tulipa o guardabrisa y no sólo impide que la vela se apague sino que también evita que se manchen de cera los objetos que hay alrededor del candelabro. Los faroles suelen ser metálicos y de cristal. Llevan en su interior varios cirios. El hachón es un cirio muy grueso que tiene varias mechas o pabilos. Suelen portarlos algunos pasos de crucificados como el de la Buena Muerte, Cristo de Burgos. En términos generales, a la iluminación del paso de misterio se le denomina "la cera".
Por último podemos encontrarnos con un monte de claveles o de lirios bajo las imágenes o frisos en los bordes superiores o crestería e inferiores de la canastilla.
Los pasos de palio también tienen su parihuela con seis o siete trabajaderas y ésta va rodeada de respiraderos en plata, plata sobredorada o alpaca y faldones, algunos de los cuales también llevan bordados medallones con algunas escenas representativas. Los faldones suelen ir unidos por broches, bien sean de orfebrería o bordados. Pueden llevar o no maniguetas. A la parte superior de la parihuela se le llama tablero. Sobre el tablero se colocan la candelería, la peana, las jarras. El elemento más destacado y que más lo diferencia de los pasos de Cristo es el palio. El palio es una estructura que cubre el paso y que está compuesto por un techo, bambalinas frontales y laterales y en algunas ocasiones frisos o cresterías.


EI palio, en su origen, se utilizaba para proteger de la lluvia y el sol, no sólo a las imágenes religiosas, sino también a las personas representantes del poder eclesiástico. Actualmente se utiliza en las procesiones eucarísticas y va colocado tras el paso de la Eucaristía. Este palio compuesto por una tela flexible y sujeta a unos varales de madera o metálicos, parece ser el origen del paso de palio de las Vírgenes dolorosas, característico de las cofradías penitenciales
El palio está sostenido por seis pares de varales que se distribuyen a lo largo de los costeros y que suelen ser de los mismos metales que los respiraderos. Pueden ir adornados con apliques de marfil o de madera.
En el frontal del paso va el llamador y puede haber una fila de pequeñas jarritas de plata llamadas violeteros para llevar flores. Frecuentemente suelen ser ocho, aunque a veces son diez, o serán seis si se combinan con la vela rizada. Detrás de estas jarritas se extiende la candelería, que es como se suele denominar en términos generales a la iluminación del paso de palio, y que son filas sucesivas de palmatorias de plata que ganan en altura cuanto más hacia atrás están y que portan cirios (suelen llevar impresos el escudo de la Hermandad). La candelería está compuesta por un mínimo de ochenta piezas y un máximo de unas ciento veinte. El cirio que va junto a la Dolorosa es la vela guía, pues sirve de referencia para que las demás vayan completamente verticales. Cuando la cofradía no es de rigurosa penitencia, es costumbre que la vela guía se adorne con flores, sobre todo rosas, y hojas de distintos tamaños y formas. Todos estos adornos están hechos de cera. Y este cirio con adornos es la «vela rizá» o “planta de cera”.
Suele estar la candelería dividida en dos bloques, uno a la derecha y otro a la izquierda para que quede en medio un espacio por el que se pueda apreciar por completo a la Virgen. En este espacio en la delantera del paso, llamado calle, suelen ir miniaturas de otras Vírgenes o relicarios, que se denominan imagen venera. La Virgen va sobre la peana, que es una estructura de plata que alza a la imagen varias decenas de centímetros sobre la base de todo el paso. En la peana puede ir, acompañando a la Virgen, una imagen de San Juan.
En los costeros del paso y situados entre los varales encontraremos jarras de plata para piñas o melones de flores. Suelen ser tres grandes y una mediana en cada lado. Cada jarra grande suele llevar unas catorce docenas de claveles (ésta la flor habitualmente elegida) y cada jarra mediana, unas doce docenas. Al final de los dos costeros encontramos los candelabros de cola, que suelen estar realizados en los mismos metales que el resto del paso de palio. Su función es iluminar el manto de la Virgen y la trasera del paso y cada uno lleva de ocho a catorce puntos de luz. Estos candelabros son de estilos muy variados. Aparecieron en las últimas décadas del siglo XIX. Las tulipas del candelabro de cola suelen terminar con unos adornos metálicos llamados "coronillas". Algunas hermandad lleva en vez de tulipas pequeños faroles en estos candelabros. Sin embargo, algunas hermandades de rigurosa penitencia siguen con los faroles de entrevarales.
El palio, en un principio, iba portado por hermanos o clérigos, y detrás del paso de misterio. El primer palio sobre un paso es el de la Soledad de San Lorenzo de Sevilla, de finales del XVI, y tenía cuatro varales. Años después, aparecen los palios de seis varales, de ocho... y a mediados del XIX en casi todos los pasos hay doce varales.
Varales metálicos, de plata de ley o de alpaca, siempre han existido. Pero hasta bien entrado el siglo XIX hubo varales de madera; la madera torneada o tallada después era dorada, e incluso hubo varales que iban simplemente pintados con los colores litúrgicos o penitenciales. Todos los varales terminaban en esparraguillos e iban atornillados al tablero. Desde hace algunos años sólo terminan en esparraguillos los cuatro varales de las esquinas, los demás llevan pernos, así quedan casi sueltos y el palio sigue mejor el ritmo de los costaleros. Sobre el perno se sitúa, el basamento, que es la parte visible inferior del varal, que suele llevar imágenes de los Apóstoles u otros Santos o advocaciones de la Virgen. Al cuerpo estructural del varal se le llama tubo y está dividido en secciones separadas por macollas o nudos. Finalmente, el extremo superior del varal, que sobresale al palio, se denomina perilla.
El palio tiene su origen en el dosel y tenía las caídas rectas, palio de cajón; eran unas franjas de terciopelo terminadas con flecos o caireles. En los últimos años del siglo XIX las hermanas Antúnez comienzan por quebrar y ondular el borde inferior de las caídas o bambalinas. Juan Manuel Rodríguez Ojeda impone esta moda. Años después, también diseña con curvas y contracurvas la parte superior de las caídas, y crea el palio de formas o de figura, o el palio sevillano. Hay otro tipo de caídas, toda de orfebrería, y dan origen al llamado palio rígido; este tipo de caídas no tienen su origen en el dosel, sino en el baldaquino.
El techo de palio por su cara inferior es casi siempre de terciopelo, y profusamente bordado. En el centro, y como eje de toda la composición, hay un medallón o cartela. En el medallón, y de bulto redondo, se suele representar al Espíritu Santo o, en alto relieve, una imagen de la Inmaculada, de la Virgen de los Reyes ( patrona de la Archidiócesis de Sevilla) u otra iconografía; a este medallón se le conoce por la gloria. La composición y el dibujo del resto del techo del palio quedan supeditados al contorno del medallón y el conjunto nos puede recordar un riquísimo tapiz o una lujosísima encuadernación. En los palios de cajón y en los sevillanos, el techo y las caídas son del mismo material, dibujo y estilo. En los palios rígidos las caídas las hace el orfebre, y el techo, el bordador. En Sevilla el paso de la Virgen del Valle es un magnífico y más antiguo ejemplo de palio de cajón, y el antiguo de la Virgen de la Cabeza de la Hermandad de las Siete Palabras, de palio rígido.
La palabra maría servía para designar a los cordones que simulan sujetar el palio a los varales. y el remate de las marías suele denominarse bellota. En la actualidad se da más este nombre a las velas de la primera tanda de la candelería que se sitúan más próximas a la Imagen de la Virgen
En el paso de palio y formando parte del esqueleto está el ahuecador o poyero -armazón de hierro que hace posible que los adornos y bordados del manto se puedan contemplar de manera perfecta-; soporta todo el peso de éste, evitando que la imagen sufra ningún tipo de presión o deterioro.
Las imágenes de la Dolorosa se designan de talla, de vestir o de candelero. En cuanto a las prendas con que se viste la imagen lleva unas enaguas y unos manguitos; y sobre esto la saya, compuesta por corpiño, mangas, fajín o cíngulo, y la saya o falda. Todo queda arropado por el manto, y sobre éste va la toquilla o toca de sobre manto; en algunos mantos los bordados de la parte superior simulan una toquilla. El rostro de la Dolorosa queda enmarcado por un trozo de tela finísima o encajes muy antiguos. Su colocación no es nada fácil y además resulta la piedra de toque para que una imagen esté muy bien o muy mal vestida. A esta prenda se le denomina tocado o rostrillo.
De cualquier forma, esta descripción está llena de generalidades, siendo cada paso de misterio y cada paso de palio totalmente diferente a los demás. Cada uno tiene detalles que los hace ser únicos.
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sábado 24 de enero de 2009

César Martínez, un cofrade entregado a la música. O viceversa.

El cofrade y músico almendralejense César Martínez ha editado un blog sobre música cofrade que es digno de resaltar por su buen hacer y sentimiento. Además de la corrección en el tratamiento de los temas, se nota su profunda devoción hacia el Gran Poder de Almendralejo. Nosotros ya la hemos añadido a nuestros favoritos. Merece la pena visitarlo:
http://musicocofrade.blogspot.com/

jueves 8 de enero de 2009

Llega la Pre-Cuaresma

Cuando, a fecha de hoy, faltan 87 días para el Domingo de Ramos, las hermandades comienzan a ocupar sus "cuarteles de invierno" para, con un paso lento, pero firme,ultimar los preparativos de su estación de penitencia.
Con tiempo apenas para recoger los belenes y desmontar las carrozas, las casas de hermandad se verán cada vez más pobladas de hermanos que comienzan a trabajar de cara a la seman santa, quedan tres meses escasos para tener todo a punto y, lo que hoy se ve en la lejanía,mañana se verá con agobios: la cera que no llega, las flores qjue escasean, los ensayos de los costaleros que se agolpan.
La maquinaria indefectible de las cofradias echa a rodar. Tras el fugaz paso del carnaval, entraremos en barrena en la Cuaresma. Ya llega lo bueno; pero queda lo mejor.

martes 16 de diciembre de 2008

Actividades en la hermandad del Gran Poder

Convivencia de Hermanos Costaleros
La cuadrilla de hermanos costaleros de la Hermandad del Gran Poder de Almendralejo realizará su tradicional convivencia de Navidad el próximo Viernes 19 de Diciembre a las 20'30 horas en la Casa de Hermandad. En ella se informará de la fecha de inicio de los ensayos para la próxima Semana Santa de 2009, de los próximos estrenos así como de las importantes novedades en cuanto a los pasos se refiere; todo ello bajo un clima de confraternidad que sirve de felicitación en las entrañables fiestas navideñas que se aproximan.
Belén figurativo en la parroquia de la Purificación
Desde el pasado domingo día 14 de Diciembre y hasta el próximo 6 de Enero, se puede visitar el Belén que la Hermandad ha montado dentro de la Parroquia de Ntra. Sra. de la Purificación, instalado en la parte trasera, bajo la bóveda del Coro. Con una superficie de 36 mts. cuadrados y mas de 50 figuras, varias de ellas con movimiento, en este año se ha optado por una ambientación mas natural, prescindiendo de cualquier tipo de edificación. Cabe resaltar los efectos ópticos realizados sobre la Anunciación y la venida de los Reyes Magos así como el río.
El horario de visitas es abierto durante todo el día, permaneciendo cerrado durante las celebraciones de la Eucaristía
Peregrinación a Tierra Santa
En un primer paso ante la Peregrinación a Tierra Santa que la Hermandad va a realizar en Abril del próximo año de 2009, el hermano de la corporación José Luis Nieves Montero, a quién la Junta de Gobierno le ha delegado la organización de la misma, ha iniciado un viaje a Israel para conocer "in situ" el programa de la Peregrinación que tenemos propuesto, con visitas a ciudades como Nazareth, Jerusalén, Cafarnaun, Belén o Caná y lugares tan destacados como la Basílica de la Anunciación, Huerto de los Olivos, Iglesia de la Natividad, Vía Dolorosa o el Santo Sepulcro entre otros y así poder hacer una valoración exacta, además de servir de información sobre todo aquello que posteriormente puedan requerir las personas que deseen realizar dicha Peregrinación.

sábado 6 de diciembre de 2008

Cuatro siglos de procesiones en Almendralejo




Aunque la historia de las actuales hermandades penitenciales almendralejenses arranca en el siglo XX, puede aseverarse con todo el rigor histórico que aportan numerosos documentos, que ya en el siglo XVI existían hasta ocho cofradías de diversa índole, número elevado, si se tiene en cuenta el número de habitantes con que entonces contaba la población. Estas corporaciones basaban su acción en la ayuda y el socorro mutuo de los hermanos, teniendo como eje vertebral el fervor hacia una devoción determinada, como resalta el historiador local Leocadio Moya, que advierte la presencia de la cofradía de Ánimas; la del Santísimo Sacramento; la de Nuestra Señora del Rosario, fundada por emigrantes portugueses; o la de San Pedro, cuyo objetivo era el socorro a los sacerdotes, aunque con el paso del tiempo pasó a ser de laicos, especialmente los relevantes de la villa.
El mismo historiador nos dice que aún más interesante es la existencia de una cofradía llamada de la Cruz, circunstancia que, unida a la presencia de un humilladero conocido como de la Vera Cruz - citado en 1550 y convertido en ermita para 1557-, nos pone en la pista de que podría tratarse de una cofradía penitencial. Por otro lado, cabe destacar que en 1659, los carpinteros y ensambladores de Mérida Juan Luis y Alonso Luis realizan un altar, en la parroquia de la Purificación para la Hermandad de la Cruz o de la Pasión, donde estaba la imagen del Crucificado, por 1.825 reales. El mayordomo había recaudado en limosnas 800 reales y obtuvo licencia para vender una escritura de censo de 480 reales, de la Cofradía, para ayudar a este gasto.
No obstante, si hemos de hablar de procesiones penitenciales y basarnos en testimonios meramente documentales, debemos acudir a las investigaciones realizadas por el doctor en Historia Francisco Zarandieta, quien atestigua la existencia de los datos escritos más antiguos sobre nuestra Semana Santa en los albores del siglo XVII, concretamente en 1609, año en que el Concejo (Ayuntamiento), ordena “empedrar algunas calles” de nuestra ciudad, probablemente las más céntricas, “para que pueda pasar la procesión de los Disciplinantes” en la jornada del Jueves Santo. Este dato es muy revelador, ya que, por un lado, nos informa del tipo de procesiones que recorrían las calles de Almendralejo en esta época y, por otro, el peso específico que debieron tener en la sociedad de aquel tiempo, como lo demuestra el que el gobierno local se preocupe de adecentar las principales vías para que el cortejo penitencial se desarrolle con la mayor dignidad posible.
Aunque no poseemos más datos que el adjetivo “Disciplinantes” para descifrar las características de estas primeras procesiones de Semana Santa en Almendralejo, sí podemos señalar que, con casi toda probabilidad, siguieron el modelo que por aquellas fechas imperaba en el Reino de Castilla, que no era otro que el de la salida, al anochecer, de un cortejo compuesto por dos filas de hombres, que iban con el rostro cubierto por un capirote romo o un velo sujetado por coronas de espina y vestidos con una túnica de lienzo basto, que dejaba al descubierto la espalda, la cual se iban azotando o “disciplinando” con largos flagelos; también era común la presencia de los “empalados”, cuya presencia, con el paso del tiempo, se redujo a la zona norte de Cáceres. Todos debían ser hermanos de la cofradía en cuestión y estaban acompañados, a cada trecho, por otros hermanos “de luz”, que portaban cera o antorchas para hacer visible el itinerario. Estas dos filas de penitentes las cerraba el sacerdote, quien portaba la imagen titular de la cofradía, que solía ser un pequeño crucifijo o un cuadro con una imagen pasionista. Del mismo modo, debemos decir que, seguramente, estas procesiones saldrían de la parroquia de la Purificación, entonces conocida como “de la Candelaria”, y recorrerían las calles del centro para visitar los conventos y ermitas existentes, donde hacían “estación”, rezando misterios del Santo Rosario, regresando al templo muy entrada la noche.
Como se comentó más arriba, el hecho de que la fundación de las cofradías que actualmente existen en Almendralejo sea algo reciente, no significa que las procesiones de Semana Santa no tengan honda raigambre en nuestra ciudad. Prueba de ellos es la del Santo Entierro que, a pesar de no tener hermandad, cuenta con una historia de varios siglos, hallándose ya constancia documental en el año 1627, en cuya Semana Santa estrena un palio confeccionado con telas de “damasco y terciopelo negro”, adquiridas a un comerciante de Zafra, según se extrae del libro de sesiones del Concejo, que era el patrono y organizador de dicha procesión, a la que asistía el equivalente a la actual corporación municipal, así como los caballeros y nobles.
Ya en una nueva centuria, el siglo XVIII, y siempre según las investigaciones del doctor Zarandieta, logran consolidarse dos procesiones, como son las de Jesús Nazareno, que habitualmente salía el Miércoles Santo; y la del Santo Entierro, que, con carácter de oficialidad, concurría desde la parroquia de la Purificación.
Como era costumbre en todo el territorio de Castilla, este tipo de manifestaciones suponían un auténtico acontecimiento social, ya que formaban parte del cortejo las personas más notables de la villa, así como las comunidades de religiosos con presencia en ella. Con relación a ello, cabe destacar que, en 1725, el Concejo acuerda “enviar recado” a los frailes franciscanos del convento de San Antonio para que acompañen a las procesiones de Semana Santa. Más de un cuarto de siglo después, hacia 1750, el Consejo de Orden del Reino comunica al Ayuntamiento de Almendralejo la necesidad de que las procesiones de Semana Santa “se celebren por la mañana” y se prohiban todo tipo de “disciplinantes, encapuchados o empalados” a fin de que se pudieran ver los rostros de los participantes en las procesiones. Con relación a ello, cabe señalar que esta orden no es restrictiva de nuestra ciudad, si no que se aplica a todo el territorio nacional debido a los numerosos disturbios que, por aquella fecha, se registraron en este tipo de manifestaciones, al entenderse la política reformista de Carlos III como un ataque hacia las cofradías.
Nos situamos ya en el XIX con un incremento en las actividades penitenciales almendralejenses a lo largo de sus Semanas Santas, como lo recoge en sus memorias José Velasco, importante empresario local, cuya familia patrocina una reforma de las andas del paso del Santo Entierro y la constatación de la existencia de, además de la procesión de Jesús Nazareno, de otra en cuyo cortejo figuraba un Jesús Amarrado a la Columna, que probablemente procesionara la talla que actualmente preside el altar de la Entrada de Jesús en Jerusalén, en la parroquia de la Purificación. En esta misma centuria tenemos numerosas noticias sobre la procesión de La Soledad, que solía salir en la noche del Viernes de Dolores, acompañada de mujeres portando velas de cera, tal y como lo hace actualmente el Viernes Santo.
En las postrimerías del siglo, comienza a procesionarse la imagen del “Señor del Amparo”, que era como se conocía antiguamente al que en la actualidad es el titular de la cofradía del Cristo del mismo nombre, con sede en la iglesia del Corazón de María. La imagen salía del mencionado templo, acompañado por el pueblo, en la tarde del Viernes Santo y, tras recorrer la callejita de Las Lanchas, llegaba hasta la parroquia de la Purificación, donde se unía a la procesión del Santo Entierro, recorriendo ambos pasos las calles Reina Victoria y Real.
Volviendo a la etapa finisecular, hemos de acudir a las memorias del almendralejense José Navia Vargas, quien recurre a las narraciones de su madre para contarnos cómo se desarrollaba la Semana Santa de finales del XIX y principios del XX.
Según este autor, la Semana Santa empezaba simbólicamente la semana anterior con el Septenario a la Virgen de Dolores, que se celebraba con gran esplendor y solemnidad; no en balde eran los Mayordomos los señores marqueses de Monsalud; con tal motivo la señora marquesa, como Camarera, custodiaba en su palacio mantos de riquísimo bordado, coronas, alhajas, candelabros, faroles procesionales (todo de plata repujada) que portaban los serviciarios del palacio (todos estos objetos desaparecieron sin que haya vuelto a conocerse su paradero.
El Viernes de Dolores se celebraba la primera procesión y a su terminación se trasladaba la Virgen al palacio, donde quedaba instalada en el salón principal de rico artesonado (también desaparecido) por privilegio que tenían concedido de la Santa Sede los señores marqueses, hasta el Miércoles Santo que volvía a la Parroquia para salir de nuevo en procesión con el Señor Amarrado y el Nazareno, las dos imágenes de tallas muy buenas, la primera adquirida por la feligresía siendo Párroco y arcipreste don Francisco Lergo Rama ya, de feliz memoria, y el Nazareno, con un espléndido paso tallado, costeado todo ello por doña Cunigundis Fernández de Córdova.
En el Jueves Santo, los Oficios Divinos eran por la mañana; el Lavatorio, Sermón del Mandato, con el canto de Tinieblas por la tarde, y llenaban por completo todo este día, señalando que desde las doce hasta el anochecer se veían las calles repletas de chicas jóvenes que, ataviadas con la clásica mantilla española, visitaban los Sagrarios.
El Viernes Santo, terminados los Oficios y retirado el Monumento, salía de la Parroquia un Vía Crucis de penitencia que finalizaba en la Iglesia de San Antonio; en la tarde de este mismo día y después del canto de Tinieblas, salían de la Iglesia del Corazón de Maria los pasos del Santísimo Cristo del Amparo y Maria Santísima de la Piedad en su Misterio Doloroso, uniéndose al Santo Entierro que salía de la Parroquia en un espléndido paso; se hacia el recorrido de costumbre, y a su regreso entraban todos en el templo Parroquial donde hacían Estación y entonces se celebraba un acto muy emotivo y en el que el pueblo participaba con verdadero fervor y religiosidad; rompía marcha la Cruz Parroquial con los ciriales, detrás dos acólitos con incensarios y seguidamente la urna con el Santo Cristo Yacente, a continuación el Clero cantando el Miserere y detrás la Dolorosa; una vez que daba la vuelta completa al templo se acercaba el paso al púlpito y el Preste desde este lugar tomaba en brazos al Señor y subiendo al presbiterio lo depositaba en un sepulcro tallado muy antiguo que de antemano se tenía colocado al lado del Evangelio.
En el Sábado Santo, se celebraban los Oficios propios del día y al entonar el Gloria se corrían los velos del altar mayor y aparecía el Resucitado encima del sepulcro donde había sido depositado la noche del Viernes; dato curioso y que ya desapareció por completo, era la chiquillería que acudía ese día a la Parroquia con toda clase de vasijas y que esperaban a que terminaran los actos y de un recipiente grande lleno de agua bendita colocado en la puerta mayor, los serviciarios de la Parroquia se encargaban de llenarles de agua los cacharros y que éstos llevaban a sus casas y con ramos de olivo bendecidos el Domingo de Ramos, rociaban los rincones diciendo estas palabras: «Salid, demonios, del rincón, que ya resucitó Nuestro Señor».
El Domingo de Resurrección salía por la mañana la procesión del Resucitado y la Virgen Resucitado que, con el paso del tiempo, fue una de las más populosas, y era conocido como “La Carrerita”, ya que en la calle Reina Victoria, entonces denominada “de la Jara”, se producía un encuentro entre el paso del Resucitado y una Virgen de gloria, (que es la que sale procesionalmente el día de la Purificación, titular de esta Parroquia). cuyos portadores, imprimían una gran velocidad a la ceremonia, de ahí su curiosa denominación. Al regreso, terminada ésta, se celebraba misa solemne, asistiendo a todos estos actos el Ayuntamiento en pleno con la Banda de música municipal, y así terminaban los cultos de Semana Santa.
Situándonos en 1910, encontramos más documentos que nos hablan de la Semana Santa, que comienza a adquirir su configuración habitual. Para ello, se recorre un largo camino que puede encontrar su primer hito, al existir constancia, en las crónicas de la comunidad de los misioneros del Corazón de María, de una procesión que salía de su templo a las seis de la tarde del Viernes Santo con el Cristo del Amparo y “una Virgen de los Dolores”, que se dirigían hacia la Purificación para unirse al Santo Entierro. Hasta la posguerra, la configuración de los desfiles procesioneles varió poco, si bien hay que hacer mención del año 1927, en el que se tiene el primer testimonio documental de la participaciòn de costaleros en Almendralejo. Fueron “unos sesenta” y, tras las procesiones, resultaron obsequiados con “vino y cajetillas de tabaco”. También por estas fechas comenzó a fraguarse una genuina tradición de la Semana Santa almendralejense, como es regalar caramelos en la tarde del Jueves Santo; por esta época, eran los de Casa Velasco los que tenían primacía sobre los demás.
De 1938 data la fundación de la primera de las que hoy perduran, la Hermandad del Santísimo Cristo del Amparo. Su estilo le viene conferido por el de la iglesia de los Padres Claretianos del Corazón de María, establecida en Almendralejo a fines del siglo XIX. Tuvo esta cofradía un aire romántico observable en sus pasos, estandarte y ciriales neogóticos, las túnicas moradas con cola de sus nazarenos, que mantienen la delicadeza romántica de los guantes blancos, y observable también en la melancólica expresión de sus pálidas imágenes, bellas creaciones de taller, típica de fines del siglo pasado.
De 1938 data la fundación de la primera de las que hoy perduran, la Hermandad del Santísimo Cristo del Amparo. Su estilo le viene conferido por el de la iglesia de los Padres Claretianos del Corazón de María, establecida en Almendralejo a fines del siglo XIX. Tuvo esta cofradía un aire romántico observable en sus pasos, estandarte y ciriales neogóticos, las túnicas moradas con cola de sus nazarenos, que mantienen la delicadeza romántica de los guantes blancos, y observable también en la melancólica expresión de sus pálidas imágenes, bellas creaciones de taller, típica de fines del siglo pasado.
En 1954, todavía bajo el estímulo del fervor devocional de la postguerra, y al abrigo de la restaurada parroquia de la Purificación, se funda la Cofradía de Nuestro Padre Jesús del Gran Poder y María Santísima de los Dolores. Son sus titulares dos hermosísimas imágenes de candelero, nacidas de la gubia del maestro Mauricio Tinoco en el año 1946. Se observa en esta cofradía un estilo sevillano y barroco que contrasta con el antiguo estilo de la anterior. Primeramente por ser sus imágenes de candelero, es decir, vestidas con telas, lo que aumenta el realismo y la devoción del fiel que las contempla; además, el escultor santeño fue un dignísimo representante de la escuela sevillana de su época y un gran continuador de su estética barroca.
Sus reglas, el hábito nazareno, la insignia del simpecado, que ostentó desde el primer momento, las advocaciones que venera también la aproximan a las hermandades de Sevilla, principalmente a las llamadas de Silencio; en efecto, está comprobada su inspiración en la del Calvario, Silencio y Gran Poder, de aquella ciudad.
Es digno de mención, por otro lado, el cierto tono gremial que tuvo esta hermandad en su fundación, habiendo estado relacionados algunos de sus fundadores con las industrias del vino y los alcoholes; no obstante, en realidad se nutrió de la feligresía de su parroquia.
Auténticamente gremial fue en sus orígenes la que aún se conoce como cofradía de los Estudiantes, fundada en 1958 en torno a la actividad académica del colegio de Nuestra Señora de la Piedad, de enseñanza media. De estilo muy sevillano, cambió su primitiva imagen del Señor atado a la columna, antes mencionado, por la de Jesús Cautivo. Con el cambio de sede a la recién establecida parroquia de San José empezó a perder su carácter gremial y fue, como la de la Oración en el Huerto en San roque, la representación cofrade de los nuevos barrios, surgidos con la expansión urbana surgida a partir de los años sesenta y setenta.
De finales de esta época datan otras dos procesiones, ya desaparecidas, como son la de la Entrada en Jerusalén, que salía en la mañana del Domingo de Ramos con nazarenos de túnica blanca y antifaz amarillo y niños vestidos de hebreo; y la procesión “de los Gitanos”, que salía el Viernes Santo por la mañana con nazarenos de túnica morada y sin antifaz. Este cortejo procesionaba la imagen del Cristo que preside el altar mayor de la parroquia de San Roque y contaba con la peculiaridad de que todos sus componentes eran de etnia gitana, que le cantaban y bailaban durante el recorrido que hacía el Cristo, que llegó a ser conocido como “El Cachorro”, participando en una procesión “Magna” del Santo Entierro, cuya celebración, estipulada para los años que acaben en cero o cinco con la participación de todas las cofradías, se estableció también por esta época.
Tras un largo paréntesis, se fundaron las hermandades del Resucitado, La Merced y la Buena Muerte, finalizando, por el momento, el ciclo pasional de las cofradías con la aparición de la misma advocación con la que, seguramente, comenzaron las procesiones en Almendralejo, la Vera-Cruz..